Nuevas jornadas del conflicto. (continuación)

2 Junio, 2008

3 – 1 de junio de 2008

La modificación a la normativa que ha establecido las retenciones móviles el 11 de marzo, hechas en forma unilateral esta semana por el gobierno, ha fijado de una vez y para siempre la frontera a partir de la cual se practicarán negociaciones por encontrar soluciones a los problemas anexos al principal, como son la producción de trigo, maíz, lácteos, carnes, arroz, yerba mate.

Ante esta demarcación, inequívoca desde siempre pero expresa y remarcada a partir de la implementación de estas modificaciones, la respuesta de los ruralistas ha sido la peor de todas las posibles: insistir que debe retrotraerse todo al 10 de marzo para empezar a discutir a partir de ahí.

Algunos adjudican esta posición deliberadamente paralizadora a la falta de experiencia política por parte de los dirigentes que están cerca de las bases; otros, a la exaltación autoestimulante de las mismas bases, que desbordan a los dirigente.

Moyano, el dirigente camioero y de la CGT, fue claro al opinar sobre esta trabazón: La mejor negociación lograda es aquella en la que las dos partes quedan insastifechas, recordó Moyano. Unos –aclaró el dirigente- que se van pensando que pude sacar más, y otro que queda pensando que pude ceder menos:

Esta idea, pragmática, realística (la Política es el arte de lo posible), está ausente en las cabezas de los dirigentes de las agrupaciones rurales que fogonean este conflicto. Y si en las bases tampoco está la conciencia de ello, ello no es por una ignorancia individual del gringo, del productor, del chacarero, sino por incpacidad de los dirigentes para considerar tal idea básica en Política y transmitírselas a sus dirigidos.

La falta de experiencia política –para la gran política- de los dirigentes ruralistas ya quedó demostrada en el propio acto del 25 de Mayo en Rosario. Por un lado se fueron de boca, cerrando las puertas a toda negociación (“El gobierno de los Kirchner es un obstáculo.”, “Tenemos que ganar, o ganar.”), y, por otro lado, se mostraron chambones a la hora de seducir a las masas que habían comvocado. La expresión elegida por Alfredo De Angeli puso al desnudo esa utilización de una multitud como si se tratara de cabezas de ganado a las que se arrea. “Toda esta gente puede ser suya, señora Presidenta…” Una chambonada.

Y esa misma falta de capacidad negociadora se manifestó esta semana, luego de conocerse la respuesta del gobierno, manifestada expresamente en la implementación de las modificaciones a la resolución que creó las retenciones móviles. La respuesta a esa respuesta fue un nuevo esquema de manifestación de protesta, esta vez con miras a abandonar las rutas y meterse en los pueblos, en las ciudades, para presionar sobre la propia institucionalidad.

No hay, pues, ni desborde de las bases, ni inocencia política. Los dirigentes de las entidades rurales que llevan a cabo esta protesta carecen de experiencia política para la gran política; eso es verdad, pero no son inocentes. Van por el poder formal. Saben lo que quieren: otro modelo económico. Es decir, cambiar el rumbo de los planes que el gobierno se ha propuesto y que fueron aprobados por una primera minoría muy significativa en las elecciones de octubre pasado. Van por el poder formal.

Los caminos que tienen para lograr tales objetivos son dos: la conformación de un gran partido político que reúna a la oposición al gobierno, ahora atomizada, con miras a ganar espacios de poder mediante las elecciones en democracia (cuando éstas sean).

El segundo: la desestabilización, el socavamiento del poder con miras a la explosión social, a la pérdida absoluta de legitimidad en el gobierno, y al llamado a nuevas elecciones. O sea, un golpe civil, institucional. Esto está más claro que el agua de los manantiales. Las sistemáticas respuestas “caprichosas” por parte de “el campo” a cada paso dado por el gobierno demuestran que, desde hace ya ochenta días, los dirigentes rurales, y quienes estén detrás de ellos, han elegido este camino. La situación política es, por lo tanto, muy grave.

A mí no se me puede olvidar quiénes fueron los que, en las primeras jornadas de este conflicto, armaron un simil cacerolazo en la propia ciudad de Buenos Aires, como un primer intento de medir la receptividad de la ofensiva política conservadora en las clases medias porteñas y urbanas en general. No es bueno olvidar ese detalle en la historia de este conflicto.

¡Ah; mirá vos…!

Alfredo De Angeli descolla cuando le ponen un micrófono. Pero cuando quien sostiene el micrófono se lanza con alguna pregunta más ajustada a la realidad y no a la cháchara, el dirigente entrerriano claudica. Ceñido a contestar temas puntuales, pone de manifesto una y otra vez varios argumentos, dos de los cuales sí tienen la calidad de tales.

Uno es el argumento que dice que si el gobierno tuviese realmente la vocación de favorecer el cultivo de trigo, maíz y girasol, haría desaparecer las retenciones sobre esos cereales. El otro, es que el mejor impuesto, el más justo sería el del impuesto a las ganancias, no las retenciones.

El primer argumento es atendible. Pero, ¿qué sucedería si desaparecieran las retenciones a las exportaciones de los otros cereales? ¿No se trasladarían automáticamente los precios internacionales a los productos de consumo interno, tales como las harinas y el aceite de girasol? Tal vez, en una situación así, de ausencia de retenciones a las exportaciones del trigo, maíz, girasol, el gobierno se vería en algún momento en la necesidad de fijar cupos de exportación, o de prohibirla lisa y llanamente, lo cual sería un remedio con efectos similares a los buscados con las retenciones móviles, pero más impredecible, y, por lo tanto, arbitrario.

De todos modos, habida cuenta de las características que tiene hoy por hoy (y por los próximos años) la comercialización internacional de las comodoties de la tierra y para alimentos en el mundo, la perspectiva de una prohibición para la exportación de ciertos productos básicos es una que debe tenerse siempre presente.

La ciudadanía del común no alcanza a comprender aún las graves consecuencias que devendrían de una sojización completa del campo. La mejor manera de expresarlo sería en las palabras que dijo esta semana un político: La Argentina produce cada vez más un alimento que en el país no consume nadie. Un despropósito ontológico. Un disparate total. De seguir esta tendencia, en pocos años el país se vería en la necesidad de importar harinas, lácteos y carnes para el consumo de la población.

En cuanto al segundo argumento de peso que suele esgrimir Alfredo De Angeli, el que dice que más justo es un sistema de impuestos a las ganancias (en el cual, de suyo, va el concepto de “ganancias extraordinarias”, conforme a la doctrina vigente en todo el mundo), la respuesta es una sola: ¡Ah, qué vivo! ¡Mirá vos…!

En nuestro país, lamentablemente, la postulación de ese principio equivale a la confesión de propósitos de evasión fiscal. Lamentablemente. Y lamentablemente no sólo por la ineficiencia e ineficacia del estado para ejercer la policía del impuesto en nuestro país (favorecidas, además, por la corrupción del aparato burocrático), sino, además, y principalmente, por la propia cultura de evasión fiscal que nos es inherente como característica de nuestra sociedad.

Observese un ejemplo menor, pero gráfico: en uno de los tantos llamados que se hacen a las radios o a los canales de tv para apoyar o para manifestarse en contra de “el campo”, uno de ellos, identificado como productor rural, decía que no podía acceder al sistema de reembolsos de retenciones porque uno de los requisitos del beneficio era el de ser propietario de la tierra (que es el sujeto social y jurídico al que el subsidio va dirigido), y ellos no lo eran porque “le alquilaban la tierra al padre”. Un claro ejemplo: no hacer una sucesión, o un traspaso de propiedad de la tierra, porque tiene un costo, y mantener la ficción de un alquiler familiar, muy probablemente con fines de evasión fiscal.

También es conocido el tema de los valijeros que compran las cosechas en negro y en efectivo. Y ni que hablar de los impuestos inmobiliarios que se hacen en base a tasaciones hechas en épocas que los campos costaban menos de la cuarta parte de lo que cuestan hoy, en dólares.

Por supuesto que una reforma integral del sistema impostivo, con un fuerte énfasis en el impuesto a las ganancias es una vieja aspiración y debería comenzar a estudiarse a fondo. Pero no es, ni de lejos, la solución más adecuada para un problema flagrante.

Hacia un nuevo acto político.

Esta noche de domingo, en el programa de Luis Majul, se mostró a un Alfredo De Angeli notoriamente diferente. ¿En qué sentido? En el sentido de mostrarse menos agresivo para con el gobierno nacional. En el reportaje que le hizo el periodista en Gualeguaychú, a la vera de la ruta, esta vez no se le oyó decir a De Angeli que era necesario regresar al 10 de marzo. Eso, es ya un detalle a tener en cuenta.

De todos modos, cabe decir que, negando las acusaciones que le hace el gobierno naciona, transmitidas bajo las formas de preguntas por el periodista, el dirigente entrerriano, negando, confirmó tales acusaciones: que no trabaja su tierra propia (que la tiene en herencia, en copropiedad y con usufructo hacia su madre), sino las que arrienda bajo  el régimen de aparcerías a empresas de Yabito, o sea Yabrán. Que mientras hacen un paro para la galería, impidiendo la importación de granos, siguen trabajando en los campos. Y, por último, que se desplaza en un avión, ofrecido por un productor del sur de la provincia de Buenos Aires. No pudo negar tales acusaciones, si es que así puede llamárselas, pero sí confirmarlas a su modo.

Confirmó, sí, que van a por un nuevo acto masivo, posiblemente el 20 e junio, Día de la Bandera; prosiblemente, también, otra vez en Rosario. Dijo expresamente que su aspiración era la de hacer un gran acto, multitudinario, presidido por la misma presidenta de la Nación, para anunciar a todo el país una nueva política agropecuaria. :-)

Evidentemente, Alfredo De Angeli ha decidido, o ha sido convencido, de que a partir de ahora, si quería potenciar sus posibilidades de acción política a futuro, debía mostrarse ante la opinión pública con otros modos diversos hasta los que utilizó hasta aquí. ¿El mismo asesoramiento de imagen de medios que tienen otros dirigentes? Ya se sabrá. Lo cierto es que Alfredo De Angeli se mostró hoy, ante las cámaras de América, con modos muy diversos a los que todos ya le conocemos después de tres meses de exposición mediática.

Para mañana está anunciado un “paro general” de apoyo a “el campo”, aunque Buzzi se ha ocupado muy bien en aclarar que no puede hablarse de un paro nacional por la sencilla razón de que ninguna de las organizaciones involucradas en esta lucha tienen poder formal, y real, para llevarlo a cabo. Pero sí habrá expresiones de apoyo, sin duda, del comercio y de las empresas de servicios que, en las provincias, llevan sus destinos comerciales atados directamentes a la suerte de la producción agrícola.

Por otra parte, el viernes comenzó a manifestarse una tendencia bajista para el precio del dólar en el mercado interno del dinero. Algunos creen que esa tendencia transparenta la intencionalidad del gobierno (que pude hacer que el dólar llegue a dos pesos o menos si quisiera) de alertar, mediante ese procedimiento, a la industria manufacturera en general para quienes, hasta ahora, ningún signo de retracción en las ventas o de aplanamiento de la curva de crecimiento se manifieste de manera preocupante. Quienes así opinan, dicen que la intención del gobierno es presionar a las industrias para que los apoyen. No sé si es tan así. Hace dos semanas atrás hubo una solicitada nacida de los sectores industriales y bancarios tendientes a acercar posiciones entre el gobierno y “el campo”, invitando a los dirigentes ruralistas a que cesen con las medidas de fuerza, recibiendo la enfática respuesta por parte de Silvio Corti, dirigente de la FAA: “Que se metan la solicitada en el culo.” (Crítica de la Argentina, 18/05/08, pg 6).

Hasta la próxima.

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Todavía consideramos a un hombre poderoso como un líder nato, mientras que a una mujer poderosa, una anomalía.

Margaret Artwood. Escritora canadiense. (1939-)

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