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17. Cacerolas.

17. Cacerolas. Domingo 22 de junio de 2008. 13:40

Si la memoria me es fiel, la utilización de un elemento de percusión de carga simbólica –como es una cacerola- para amplificar el ritmo de una protesta política callejera, fue inaugurada por la derecha de Chile, allá por los primeros años de la década del setenta del siglo pasado, para manifestar en contra de Salvador Allende. La más absoluta complicidad de todos los medios periodísticos de Occidnte con la derecha chilena –recordemos que el mundo estaba en plena guerra fría- hicieron del método uno de conocimiento universal en pocas horas.

En Argentina no hubo ocasión de recurrir a ese elemento de percusión hasta treinta años más tarde. Sí hubo durante esos treinta años miles de protestas callejeras, durante y después de la dictadura del 76, pero nunca con cacerolas. Y la circunstancia de que la jornada histórica de la noche del 19 de diciembre de 2001 adquiriese esa música metálica fue casual.

Otra vez: si la memoria me es fiel, un “cacerolazo” había sido convocado –con esa forma precisa- para ese día por Fedecámaras, publicitado en los medios durante todo el día por su titular, Rubén Manosovich. Pero la gestación del “Cacerolazo” –el hecho histórico que conocemos como tal- venía por otro lado. Lo que acaeció, finalmente, fue una reunión de varias corrientes movilizadoras que se fusionaron en el mismo acto de la salida a las calles de millones de personas, al golpe de las cacerolas. La historia fue así:

El mantenimiento de la convertibilidad menemista por el gobierno de De La Rúa determinó su condena. El sistema del dólar como moneda local no daba más, explotaba por los cuatro costados pero el gobierno radical se negaba a ir en contra de una supuesta adhesión al sistema por parte de su electorado tradicional, las clases medias. Por su lado el justicialismo, de antemano decidido a poner punto final a una convertibilidad que ahogaba al campo, a las industrias, y a la nación misma a causa de su deuda externa, se movilizó para darle el golpe de gracia a un gobierno que, tras la renuncia del vicepresidente Álvarez, había caído en el vacío de poder.

Para liquidar al gobierno radical, el justicialismo movilizó a sus bases. Bastaba la reunión de un pequeño grupo de punteros para incitar al saqueo de comercios. Las condiciones objetivas garantizaban, no sólo el éxito de la maniobra táctica y la impunidad del procedimiento, sino su propagación violenta. Los saqueos se dieron durante varios días consecutivos en varios puntos, no sólo del Gran Buenos Aires, sino ya del país.

En la tarde del 19 tuve ocasión de ver y oir a muchos de esos punteros, sembrando versiones falsas sobre proximidad de bandas saqueadoras. Yo mismo vi cómo centenares de comerciantes del Once cerraban sus cortinas a las tres de la tarde, porque “las hordas habían asaltado los comercios de Constitución.” Los encargados de hacer conocer la nueva, reconocibles a simple vista, pululaban el Once, en grupos de dos o tres, o incluso solos, mimetizados como el transeúnte que había visto cómo…

Paralelamente, decenas de piquetes compuestos por una media docena de militantes de base encendían cubiertas en varias esquinas de Capital e improvisaban cánticos. Algunos de esos focos lograban la reunión de centenares de personas; otros, al no lograr repercusión alguna, eran abandonados rápidamente, para ensayar la maniobra táctica en otro sitio. También esa tarde, miles de militantes de la izquierda ortodoxa, tocaban puerta por puerta para la convocación a asambleas populares. Muchas de ellas tuvieron lugar en la tarde misma del 19, horas antes del “Cacerolazo”.

El corte voluntario de luz y la protesta cacerolera, como dije, había sido preparada por Fedecámaras y era en repetición a un método utilizado exitosamente ya, en plena era menemista, por Chacho Álvarez. No recuerdo ahora la ocasión en la que el ex diputado miembro del Grupo de los Ocho y luego vicepresidente convocó la protesta. Lo precisarán los puntillosos de las crónicas. Pero debió haber acaecido alrededor del 97. Aquella movida antimenemista de Chacho Álvarez tuvo un impresionante éxito. Muchos barrios de la Capital quedaron completamente a oscuras, y sonaron cacerolas y bocinas, pero… las personas no salieron de sus casas. Fue una protesta masiva, “desde el balcón.”

Cuando en 2001 Manusovich decidió repetir la experiencia para el 19 de diciembre, jamás pensó, claro está, en qué derivaría esa propuesta. El discurso nocturno del presidente De La Rúa, decretando el estado de sitio, fue la gota que rebalsó el vaso y los hechos que se produjeron a partir de esa noche son harto conocidos. (Aunque deliberadamente “olvidados” por muchos medios).

Para resumir el concepto: la decisión de derrocar a De La Rúa (un golpe de estado dentro de la institucionalidad formal de la democracia republicana) fue tomada por el justicialismo. Sus punteros obraron el “foquismo” necesario para que la secuencia de saqueos fuera. La protesta social generalizada, contra Cavallo (el corralito) y contra De La Rúa (estado de sitio), que estaba en marcha, se expandió y se montó sobre esa forma que para esa noche, por pura coincidencia de fechas, había convocado Fedecámaras.

Hecha esta introducción, voy al concepto que pretendo desarrollar.

Dice Carlos Altamirano, profesor de historias de las ideas en la UBA y en la UNQ, en respuesta a una entrevista que publica hoy Miradas al sur: “Ni un cacerolazo ni un Cordobazo se producen administrativamente.” Argumenta: “No hay una trama conspirativa que siempre logra todo. A veces, si y a veces no.” Y añade: “Fijese que después del discurso de la presidenta hubo mensajes de texto destinados a estimular un nuevo cacerolazo, y ese cacerolazo no se produjo.” Concluye el entrevistado: “La Argentina es un país difícil de gobernar y la inclinación a tomar la calle en la ciudad de Buenos Aires viene del siglo XIX. Es una sociedad muy movilizada y movilizable.” Fuente: “De dónde viene y a dónde va la clase media”, en Miradas al Sur, 22 de junio de 2008, pg. 7.

La afirmación del profesor Carlos Altamirano es justa. Y mi idea es ponerlo en estos términos. No toda movida conspiradora tiene eco, pero sí hay detrás de una movida que sí tuvo eco un propósito conspirador. La espontaneidad, en estos temas, no existe.

Por supuesto que no me refiero a la actitud del individuo tomado como tal quien, ante los hechos (por ejemplo, personas en la calle golpeando cacerolas), decide sumarse a la manifestación. Es obvio que esta actitud individual de quienes no forman parte directa de las organizaciones políticas es siempre espontánea. Lo que no es espontáneo es la convocación. Ésta suele estar planeada y ejecutada por un grupo que tiene propósitos estratégicos muy bien definidos.

Así, el primer movimiento cacerolero contra Cristina Fernández fue originado en la agitación directa, desde sectores vinculados a la última dictadura militar. Y el segundo, el de la semana anterior, mucho más amplio que el primero, aunque sea prácticamente imposible probarlo, es muy probable que haya nacido desde los mismos grupos, aunque la agitación social no fue la directa sino una montada sobre cataratas de mails y mensajes de texto que, objetivamente, partieron desde el Litoral.

La movida táctica es simple: es, si se quiere un ejemplo gráfico, similar en cuanto a su mecánica, a la teoría foquista de la guerrilla de los setenta. Se enciende el foco. Si cunde, habrá éxito, si no, no. Es así de simple. Los cuatro que encienden el foco son los conspiradores; los que se suman, cuando se suman, lo hacen “espontáneamente”.

Por supuesto que el éxito relativo de la segunda movida, la de la semana anterior, refleja otra realidad: para que el foco de agitación tenga éxito, es necesario que exista alguna fuerza en el interior de cada una de las personas que se suman a que se sumen. Es decir, malestar, bronca, cansancio, etc.

En este caso en particular, en las movida caceroleras contra Cristina de Kirchner, el objetivo de los instigadores, de los iniciadores del foco, es claro: la desestabilización del gobierno con miras a un recambio del mismo dentro de los mecanismos institucionales republicanos (un golpe civil).

Muy difícilmente superen una minoria las personas que se sumaron a la movida cacerolera de la semana anterior con este propósito en mira. Los hubo, pero fueron minorías. Seguramente una mayoría importante salió a manifestar por diversas motivaciones personales, entre las cuales no puede descartarse el mero cansancio ante una situación que produce desgaste en las personas corrientes que simplemente quieren trabajar, como tampoco puede descartarse el gorilismo inveterado de ciertos miembros de la clase media.

Esta contradicción, entre los verdaderos propósitos de los instigadores por una lado y las motivaciones personales de los protestantes con cacerola por otro, es una dificultad para los conspiradores de la desestabilización: han logrado movilizar las fuerzas desestabilizadoras pero deben ocultar sus verdaderos propósitos.

En la noche del 19 de diciembre de 2001, cuando los punteros del justicialismo, mimetizados como vecinos entre las muchedumbres que habían ganado las calles transmitieron la orden: “a la casa de Cavallo”, el ejército de ciudadanos dispuestos a colgar del alumbrado público al ministro menemista y socorrista del delarurrismo eran decenas de miles. La renuncia del aterrorizado ministro, acorralado en su casa, fue instantánea.

Lo propio sucedió al día siguiente, cuando, yendo por más, se lanzó la consigna del que “se vayan todos”, empezando, claro por el presidente De La Rúa.

Esta vez, en estos días, la cosa no es tan sencilla. Y ésta es la razón que ha llevado a la presidenta Cristina Fernández a citar en sus discursos –dos veces en pocos días- aquella expresión irónica de Marx, destinada a ridiculizar el determinismo histórico rebuscado del hegelianismo de izquierda: la historia se repite, sí; pero la primera vez como tragedia y la segunda como comedia.

Estas son, en términos muy reducidos, reflexiones acerca de las protestas callejeras de la semana anterior. Objetivas, o pretensiosamente objetivas.

Si me permito un recreo subjetivo –y me lo permito- estoy tentado a creer que la motivación principal para el caceroleo del lunes pasado (aunque muchos de los participantes no tengan conciencia plena de ello), es el gorilismo inveterado de la clase media, el odio al negro, la envidia a Cristina y el machismo. Todo ello alentado por el duende interior que, a la manera de los duendes alojados en Pitito, el personaje de Fabio Posca, susurran a los oídos. En este caso, los famosos duendecillos fascistas.

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Hasta otra.

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16. Reacomodamiento de los trebejos.

16. Reacomodamiento de trebejos para una nueva partida. Domingo 22 de junio. 04:10

Cuando en su discurso del día siguiente al lunes de la ofensiva desestabilizadora, la presidenta Cristina Kirchner anunció que había de someter la ratificación o rechazo de la Res 125 al Congreso, las interpretaciones que tal decisión motivó ese mismo día no podían ser otras que las que, en apretada síntesis, están en la entrada anterior de este blog.

El gráfico, contundente y categórico artículo editorial de Joaquín Morales Solá del día siguiente reflejaba una de esas interpretaciones, la más directa, la más obvia. Y la perspectiva de escenario inmediato consecuente –el gobierno de Cristina Kirchner ha sido finalmente derrotado, y tal derrota se oculta en un discurso rimbombante- era la que estaba en condiciones de recibir la mayor cantidad de fichas en la apuesta de todos los que nos tentamos en el análisis de los hechos.

Pero el gobierno tuvo su acto en la Plaza de Mayo y en su nuevo discurso, la presidenta Cristina Fernández estuvo lejos de reflejar una realidad que estuviese en correspondencia con esa interpretación inmediata, primera.

El acto, mal que les pese a los representantes de la prensa, no ya antikirchneristas sino antiperonistas, fue multitudinario. Las remanidas referencias a “los colectivos”, el “choripan”, (o el “no sabían por qué estaban ahí” con que Morales Solá mostró -una vez más- su desprecio a las masas populares en su nota de opinión del jueves 19), referencias todas ellas destinadas a morigerar un hecho cierto: la movilización fue.

La capacidad del gobierno, y del partido justicialista, para movilizar el aparato político y sindical a favor de la postura oficial en una disputa colosal de intereses estuvo presente. Hasta el 20 de junio, y aunque mostrando fisuras, el poder sinérgico que surge de la sociedad gobierno-partido se hizo ver.

Una cosa muy diversa sería afirmar que estará presente en un futuro inmediato. Tal vez ni siquiera lo esté para la siguiente ocasión. No lo sé. Habida cuenta de las fisuras advertidas en el seno del partido gobernante, podría uno arriesgar el pronóstico de que no, de que ya no habrá un nuevo acto como el del día 18 en la Plaza de Mayo. Pero, al menos para afirmar una posición oficial al día 20 de junio, el control del aparato mostró ser operativo.

Si ese apoyo del aparato político y sindical al gobierno de Cristina Fernández para el acto en Plaza de Mayo fue condicionado a una concesión del gobierno, como contrapartida, a los sectores que dentro del justicialismo apuestan a la “reparación moral” para con los señores del campo, es otra cuestión. El discurso de Cristina Fernández de Kirchner en el propio acto no parece estar en correspondencia con un acuerdo subterráneo de ese tipo. Y la reacción de un Eduardo Duhalde, quien en una conferencia que transmitió Crónica habló en dos ocasiones de “imbecilidad”, para referirse a la posición oficial respecto del conflicto de fondo, tampoco.

El acto de Plaza de Mayo, y el discurso de la presidenta en el mismo, son hechos que, de alguna manera que hasta ahora no se ha manifestado en forma abierta, transparentan que, en realidad, la interpretación más realista que pueda hacerse a la movida presidencial que descomprimió la tensión social del fin de semana anterior y lunes fue la de ganar tiempo. Nada estaría resuelto de antemano y, de ser así, los días que vienen serán reflejo de un ahondamiento en la crisis, aunque en un escenario muy diverso al de estos cien días, es decir, no ya en las rutas, con las aduanas piqueteras y la policía civil gringa funcionando a la perfección, sino en el marco de las instituciones políticas establecidas por la Constitución.

El levantamiento efectivo de los cortes de ruta a partir de la cero hora del sábado parecería ser un signo en contra de tal interpretación. En efecto, es tentador suponer que el retiro de las policías civiles y de los agentes de aduanas piqueteras obedecería al conocimiento que los dirigentes ruralistas tendrían acerca de que el triunfo de su postura se habrá de dar en el Congreso, con lo cual se le permitiría al gobierno una salida decorosa de la crisis. Tal interpretación surge de suyo. Pero no puede descartarse así nada más otra razón: el descontento de la población en general con el corte de rutas había alcanzado en los días siguientes al acto de Plaza de Mayo su punto más alto y, además, las palabras destempladas de De Angeli y de otro dirigente de la Sociedad Rural en el sentido de que debía disolverse el Congreso, o, peor aún, prepotear a los legisladores para “enseñarles a legislar”, contribuyeron a elevar en varios puntos ese descontento generalizado para con los agentes de la policía civil y aduanera instalada en centenares de puntos del país.

Por otra parte, los responsables de algunos medios de comunicación masiva, conscientes de que la uniformidad de un relato sostenido en el tiempo les estaba haciendo perder credibilidad ante su clientela, ofrecieron micrófonos y cámaras a muchos productores que pudieron manifestar –por primera vez en cien días- su malestar por ser víctimas de esa policía aduanera civil que les impedía comercializar sus productos.

El relato de que los responsables de los cortes de ruta no eran los productores soliviantados, sino de transportistas autoconvocados (que aún siguen repitiendo los conspicuos analistas políticos de los grandes diarios), carece de todo sustento. No sólo por los miles de testimonios de camioneros y productores que han sido víctimas del lock out empresarial sojero y su policía civil, sino además porque el propio “relato” carece de verosimilitud. Sería el único caso en el mundo, que “autoconvocados”, sin organización alguna y con características objetivas de individualismo en la producción (por la propia naturaleza individual de su ocupación), cortasen las rutas en doscientos a cuatrocientos puntos diversos de una pampa húmeda de más de un millón de kilómetros cuadrados de superficie.

Así que lo más razonable es, para mí, aceptar que la movida del gobierno, destinada a descomprimir la ofensiva desestabilizadora desatada con furia el fin de semana anterior, carece de arreglos subterráneos. Asestó un duro golpe a los sectores que desde las sombras fogoneaban la movida golpista, pero se encuentra lejos aún de imponer una política de redistribución de ingresos a la medida de la que tiene proyectada. Perdida la batalla mediática de los cien días y fracasada la confrontación directa, el gobierno decidió continuar batalla en otro frente, el del Congreso y las instituciones políticas, incluyendo la Corte. Si logrará imponer su política o no, está por verse. Lo que sí parece un poco más claro después del acto de la Plaza de Mayo es que no hubo arreglo subterráneo previo.

Si el gobierno insiste en su política de redistribución de ingreso a partir de la apropiación de la renta extraordinaria que se ha venido dando y se seguirá dando en los próximos años en la producción y exportación cerealera, tal como quedó ratificado en el discurso de Cristina Fernández en la Plaza de Mayo, entonces la fractura en el justicialismo será y será pronto en el tiempo. La razón es sencilla: la propia naturaleza del peronismo. El peronismo es populismo, pero es, esencialmente conservador. El justicialismo no está agremiado en la lucha de clases. Su filosofía política es el intervencionismo estatal con fines redistributivos. El tema, hoy, es que no hay en el justicialismo muchos convencidos acerca de el aportante de los fondos necesarios para llevar a cabo esa redistribución de ingresos deba ser el campo. ¿Por qué? Por razones muy sencillas: el compromiso directo de casi todos los dirigentes de las provincias con los productores agropecuarios. Nadie tenga dudas de que ocho de cada diez dirigentes conspicuos del peronismo en las provincias (proporción que sólo pretende ser gráfica, como se comprende), tiene intereses propios en el campo.

El mecanismo tradicional de “redistribución de ingresos” que es tolerable para el peronismo histórico es de otro tipo: es de una sociedad del gobierno con los sindicatos en los cuales la dirigencia que les garantiza el funcionamiento del aparato político desde las bases, obtiene, por el poder público, concesiones salariales. Éstas las pagan las empresas industriales, las cuales, a su vez, las trasladan a los precios. El consumo popular, que paga el IVA, alimenta las cajas del estado, cerrando el círculo. Un mecanismo que funciona más o menos bien en tiempos de bonanza industrial, pero que nunca saca al país de la trampa inflacionaria. Y jamás soluciona el tema de la pobreza, el hacinamiento y la degradación social. Fuente ésta, a su vez, de clientelismo político.

Así que si la intención del gobierno de Cristina Fernández es profundizar una redistribución de ingresos a partir de otras fuentes de financiación –más genuinas- y, además, con la intención de mejorar la infraestructura material y la realidad social del país, terminará por perder el “aparato”. Las primeras fisuras están a la vista.

Hasta aquí, algunas consideraciones acerca de lo sucedido en el fin de semana anterior y durante la semana pasada. Un periodo muy agitado, grave, caracterizado por: Uno: lanzamiento de la ofensiva final desestabilizadora; dos: reacción del gobierno; tres: escenarios probables. En otras entradas, haré otras consideraciones acerca de la misma situación, pero por temas puntuales.

Hasta luego.

Add comment 22 Junio, 2008

15. ¿”La casa está en orden”?

15. ¿Puede decirse, “la casa está en orden”? Miercoles 18 de junio de 2008. 9:55.

La movida de ayer del gobierno, de llevar al Congreso un proyecto de ley para que sea aprobada o rechazada la Res 125 y sus modificaciones, es una díficil de interpretar para quienes no poseemos más información que aquella que disponen todos, es decir, la que se lee, en forma directa o entre líneas, en los medios de comunicación. Audiovisuales, escritos o electrónicos.

Aún así, se impone un análisis inmediato a los hechos. Ello, aún con el riesgo de que elementos de juicio que hoy conocemos obliguen a pensar, mañana, que habría sido más prudente esperar un tiempo para sentar juicios alrededor de lo sucedido ayer.

Naturalmente, las dos interpretaciones inmediatas que surgen como de suyo son estas dos: Una: el gobierno ha decidido retroceder sin aceptarlo públicamente, dejando esa responsabilidad de dar el paso atrás al Contreso. La otra: la instancia legislativa será un trámite formal y, tras la aprobación prácticamente sobre tablas del proyecto, la crisis continúa.

La primera explicación choca con la naturaleza de los Kirchner, a la manera de la fábula del alacrán y la rana. La otra, choca con la realidad misma, ya que una actitud de obediencia debida en el Congreso no ha de ser lograda tan fácilmente como se cree.

En su nota editorial de esta mañana, Joaquín Morales Solá suscribe a la primera hipótesis. En una página con un texto muy claro, señala:

“…[los Kirchner] Retrocedían envueltos en las banderas de una revolución que nunca hicieron y con la impronta de un ejército vencedor que, en rigor, se estaba replegando.”
Fuente: La Nación

Argumenta el periodista su afirmación con el hecho de que el envío del proyecto al Congreso era una vieja aspiración de los ruralistas mientras que era, por el otro lado del polo de disputa, una posibilidad temida por Néstor y Cristina Kirchner. Este argumento es válido. Ya de movida se vio, en horas, que la acción del lobby ruralista en el Congreso será tanto o más fuerte que el nacido a las veras de las rutas. Para muestra basta un botón: la senadora Hilda de Duhalde se apresuró a pedir “la suspensión” de la aplicación de la Res. 125. Y De La Sota, figura que Eduardo Duhalde tiene en mira para el futuro del partido justicialista, se apresuró a pedirle a los legisladores que, antes de considerar el proyecto del ejecutivo, pasen por las provincias para “escuchar al pueblo que los votó.”

Habida cuenta de la enorme cantidad de renta que está en juego alrededor de esta encrucijada histórica, el paseo previo de los legisladores por sus provincias puede adquirir muchos significados y ha de abrir las puertas grandes, seguramente, a las suceptibilidades. El Poder ejecutivo cuenta con las mayorías necesarias, pero… puede dejar de tenerla.

De todas formas insisto que esa explicación que da Joaquín Morales Solá y que se corresponde con una de las dos lecturas inmediatas que surgen de la movida del ejecutivo, choca con la naturaleza de los Kirchner. Pero, a pesar de esta creencia mía en cuanto a la “naturaleza” de ambos políticos, hoy centrales en la sociedad política argentina, la explicación sigue siendo válida por la fuerza intrínsica de su lógica. En una entrevista a solas que, tras conocerse la medida tuvieron, Marcelo Zlotogwiazda y Ernesto Tenembaum con el jefe de gabinete, Alberto Fernández, los periodistas le preguntaron: ¿Y si el Congreso no aprueba el proyecto? Entonces la Res. 125 no será, respondió el ministro.

En cuanto a la segunda posibilidad, que convierte al Congreso en un organismo formal de trámite previsto (obediencia debida) es uno que no tiene visos de realidad, a mi juicio.

Pero… pero, pero…. no necesariamente este escenario de “desobediencia indebida” que imposibilitaría la recategorización de ley para un decreto significa un repliegue disfrazado de victoria, para usar la figura que inventó Morales Solá. En el fondo de la cuestión legal está la jurisdicción. Si la norma impositiva es siempre norma legislativa con iniciativa en Diputados, la norma aduanera es siempre facultad del ejecutivo. Así que la aplicación de la norma administrativa podría darse de todos modos, y la confrontación de normas sería dirimida, finalmente, en la Corte Suprema de justicia, como un conflicto de jurisdicciones entre poderes del Estado. De todos modos, admito que esta posibilidad es una de características conflictivas en el decurso de su resolución, lo cual obligaría a pensar que, en cuanto movida riesgosa que es, no habría sido la elegida. Pero… también es cierto que la situación existente el lunes, con la ofensiva golpista o desestabilizadora en plena marcha, obliga, de alguna manera, a tomar medidas heroicas. Adivino mayor fidelidad al ejecutivo en la Corte que en el Congreso.

Queda para un futuro conocer los alcances que tuvo la intervención del vicepresidente Cobos en todo este trámite. Queda para un futuro…

Como sea, cualquiera que sea la interpretación, cualquiera haya sido la motivación que la posibilitó, cualquiera haya sido la gestación interna de la misma, la decisión del ejecutivo descomprimió la situación social. O sea que, en términos prácticos de táctica ante la crisis que en la noche del domingo y en la jornada del lunes, la medida gana tiempo. Esta afirmaciónes, a estas horas, la única interpretación a la que se le puede poner la firma sobre el sello “aposta”.

En otras palabras, la crisis de fondo (la caracterización de un modelo económico capitalista para los próximos años) continúa. Por otros medios, pero continúa. Los que se lanzaron por a Cristina, buscarán otros caminos.

La alternativa sigue siendo: o un país agroexportador, para pocos, con alta rentabilidad para los inversores agrícolas, o un país industrial, que ocupe la mano de obra, sobre todo la que el campo expulsa. O sea, para todos. Los partidarios de lo primero piden “acuerdos para el campo”, los partidarios de lo segundo piden elaborar “El acuerdo del bicentenario.” ¡Casi nada! Políticas de estado, que le dicen. Ésas que tienen los países en serio, incluyendo Brasil.

Hasta aquí, el análisis –apurado (después de todo hay que ir a trabajar, che)- de lo que pudo uno reflexionar de lo sucedido ayer, con los elementos de juicio que hasta ahora hay.

Quedan puntos para considerar, pero eso será en próximas entradas.

Hasta la próxima.

Add comment 18 Junio, 2008

Entrevista periodística a José Pablo Feinnman

12. Un documento. Entrevista realizada por Miradas del Sur a José Pablo Feinnman. Lunes 16/06/08 19:05

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Voy a reproducir a continuación –parcialmente- una entrevista que Walter Goobar, por Miradas al Sur, le hizo a José Pablo Feinnman para la edición de ayer del semanario. La parte que elegí es la pertinente al tema de este blog, a la actualidad más viva de nuestra realidad nacional. La razón para hacerlo es para que quede en la red, a la manera de documento.

La entrevista tiene un formato que obra a la vez de excusa. En la primera parte, José Pablo Feinnman responde acerca del arte de escribir, de la literatura en general. Se define como escritor más que como filósofo y relata el proyecto literario que ahora lo ocupa. Pero, aprovechando ese formato, entrevistador y entrevistado ingresan al análisis de la situación actual, y lo hacen a partir de imaginar una “novela de Cristina”. Ésta última parte es la que reproduzco.

Allá va.
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-.¿..qué personaje elegiría para retratar lo que pasa en la Argentina?

-Quizás el personaje literariamente más fascinante de este momento es el de Cristina Fernández de Kirchner.

-¿Por qué?

-Porque asume como Presidenta con el 45 por ciento de los votos, pero asume sin que sepamos por qué no sigue Néstor Kirchner en el poder. Nadie lo sabe, nadie lo supo decir y ellos no lo dijeron. Por eso, Cristina es un personaje que viene con un halo de misterio. Habría que averiguar por qué Nestor Kirchner dio un paso al costado… en realidad no dio un paso al costado, porque apenas asume Cristina, Kirchner se lanza a una actividad febril que contrasta con las ideas de retiro, de descanso que en algún momento se manejaron. Se lo ve hiperactivo e incluso opaca el desempeño de ella. …lo opaca porque toda la sociedad se fija más en Kirchner que en Cristina…

-¿Por qué razón?

-Porque Cristina es mujer y aquí viene el centro de la cuestión. Una mujer puesta en la Presidencia en un país exacerbadamente machista que detesta sus gestos de firmeza porque no se los tolera a una mujer. Si Cristina se enoja es “una histérica”, “es una neurótica” e incluso le han pintado: “Cristina: vas a morir como Evita”. Yo creo que la odian mucho las mujeres mediocres, porque la Argentina está llena de mujeres inteligentes y Cristina es una de ellas. La detestan por su inteligencia. Para el machista argentino no hay nada más intolerable que una mujer inteligente, más inteligente que el promedio de los hombres que andan por ahí, dando vueltas. En mi opinión, los hombres son bastante idiotas. Al fracaso total del mundo que han hecho los hombres, sería interesante ver qué mundo comienzan a hacer las mujeres si toman un rol hegemónico…

-Volvamos a la novela…

-Mi personaje sería una presidenta que sube con un poderoso marido que le abre paso y cuando llega arriba se le da vuelta el país: la empiezan a agredir de un modo tremendo, desde el machismo que existe hasta dentro de las propias mujeres. No le toleran cosas que son femeninas: por un lado la acusan de ser una especie de macho, indomable, agresivo, y por el otro, de ser femenina.

-Usted estableció una relación personal con Néstor y Cristina. ¿Le cuesta ser crítico con el poder?

-Soy crítico con el poder. Si se cree que el poder es Cristina Kirchner hay un gran error: Cristina Kirchner es el Gobierno, el poder es la Sociedad Rural, la Unión Industrial, el diario La Nación y la ralea grosera que cunde en las radios. El poder en la Argentina es el establishment, lo que tiene Cristina Kirchner es un Gobierno y un aparato –que también es el poder- que es el aparto peronista, que hoy la respalda y mañana la voltea. Si el aparato peronista negocia bien con el establishment, la van a tirar.

-Pero ahora el aparato peronista lo tiene Néstor Kirchner.

-Sí, se ha manejado bien dentro de una realpolitik en la cual lo único que consume es un pragmatismo exagerado. Mi apoyo crítico en este momento es a Cristina Kircher. Más a Cristina que a Néstor.

-¿Cómo se gestó esa relación con los Kirchner?

-En 2003 él me llamó. Yo había escrito una contratapa que se llamaba (sic, por titulaba) “Un flaco como cualquier otro”, a él le gustó mucho y me llamó. Era el primer presidente que conocía y hablamos mucho. Le dije que el peronismo estaba muerto, que era un aparato sin ideología, que había sido tantas cosas que ya no era ninguna y que lo que había que hacer era crear un nuevo partido político, con una nueva ideología, con una nueva concepción de centroizquierda. De ahí salió la idea de la transversalidad. No duró mucho, y de la idea de transversalidad pasó a disputar el aparto duhaldista.

-¿Y con Cristina?

-No la veo, pero creo que me tiene mucho aprecio.

-[usted] Es muy cerebral en sus escritos, pero hace una defensa muy visceral de la Presidenta.

-Es visceral porque este es un momento dramático, es un momento de pregolpe. Cuando ve que el campo, respaldado por la Sociedad Rural, el establishment y los poderosos diarios del establishment, está en pie de guerra apoyado por las cacerolas de la clase media, no tengo dudas que buscan un golpe.

-Cuando habla de pregolpe, ¿le achaca un papel importante a los medios?

-Sí, porque si hubiera un golpe no tendrían cuadros políticos para constituir un Gobierno sustentable. En realidad, están dadas las condiciones para un golpe, lo que faltan son los protagonistas, porque no podrían ser los tipos de la Sociedad Rural, los hijos de Roca. Y hay un aparato mediático: las radios son un festival de fascismo y del lumpenaje comunicacional.

-Como experto en el peronismo, ¿no cree que hay algo en el peronismo que que alimenta a sus enemigos?

-Cristina dijo que el peronismo nunca apoyó la lucha de clases. Eso es doctrinariamente cierto, pero el peronismo es un detonante poderoso de la lucha de clases. El simple motivo de que el peronismo desde sus orígenes siempre apoyó a las clases no poseedoras –a las que podemos llamar “la negritud” con elegancia o la “negrada”, como dice la oligarquía-, eso es terriblemente irritante para el poder, para los dueños de la tierra, de las finanzas y de los medios. El peronismo los irrita mucho, salvo cuando viene un tipo como Menem y se pone a sus órdenes.

-Pero, si hay disputa de intereses es lógico que haya reacción…

-En realidad, no se está dando una lucha de clases de carácter marxista, sino una lucha de clases encarada desde el populismo y el populismo significa, ante todo, intervencionismo estatal. Las retenciones, por ejemplo, significan intervención del Estado en la economía y eso para las teorías del libre mercado es una blasfemia. Pero ocurre que todos los populistas están teniendo éxito en América Latina. Cristina tiene razón cuando dice: “Ustedes están luchando porque en lugar de tres 4×4 no quieren tener dos. Es verdad. Es la lucha por la abundancia, por la gula, por la ambición desmedida. Lo único que se quiere es derivar una franja de la renta a los sectores más necesitados.

-Pero, ¿por qué en esta puja no se busca sumar aliados en la clase media en lugar de empujarlos a los brazos del establishment?

-¿Cree que a la clase media le importan las retencioones o la redistribución del ingreso en beneficio de los pobres? Es le importa un pito a la clase media. A la clase media le importa más ser elegante al lado de la clase media alta que volver a ser pobre junto a los pobres. La clase media tiene una característica esencial: quiere trepar, no quiere bajar y en ese sentido, va a apoyar todo lo que la lleve hacia arriba. No tiene una concepción de país ni una concepción distribucionista de la riqueza. Tiene una concepción apropiadora de la riqueza y tiene un cholulismo tremendo por las clases altas.

-Pero, ¿qué pasó en las elecciones por la Capital Federal? ¿Cuánto hubo de mérito propio de Macri y cuánto de errores del gobierno?

-Hubo tremendos errores del gobierno. Pero el voto a Macri fue el voto por la seguridad. La clase media, cuando tiene algo dice: “Ahora quiero que me lo cuiden”. Cuando tiene dinero pide seguridad y cuando tiene inseguridad –como en el ‘76- , pide autoridad, mano dura. La clase alta no se compra un revólver porque tiene custodia, el que se compra un revólver es el tipo de clase media. Más que ganarse a la clase media, acá hay que ganarse a los sectores que tienen hambre. Esa gente, ¿hasta cuándo va a aguantar que estos tipos estén protestando poruqe quieren ganar cinco millones de dólares en lugar de tres?

….

-Volvamos a la novela de Cristina. ¿Cómo sigue la trama?

-Para mí el tema es cómo hace una mujer para gobernar en medio de una sociedad machista. De dónde saca el coraje, cómo impone una autoridad necesaria para gobernar teniendo que soportar los peores agravios. … Yo a este personaje lo veo sin apoyo en ningún lado: está completamente solo frente a todo lo que la rodea. Todo lo que la rodea, la rodea para amenazarla y ella está sola. Me gustaría sorprender a ese personaje en el momento de soledad, en el momento en que la soledad se confunde con el miedo y del miedo siempre salen dos cosas: o se huye o se lo enfrenta. Es el monólogo de Hamlet que lo hace más desde la duda que desde el miedo. Pero digamos que a este personaje se le puede plantear la duda: “¿Qué hago? ¿Me voy de las presiones que tengo de la clase política, de la puerta que me abrió mi marido? Me rajo, desaparezco, un día no hay Presidenta en el país, o me quedo y afronto todo esto, si me insultan y me agravian no me importa, pero yo voy a gobernar este país…

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Fuente: José Pablo Feinnman, en diálogo con Walter Goobar, “Nunca paré de…”, en Miradas al Sur, 15/06/08, pg. 28

Add comment 16 Junio, 2008

7. Los “productores”… del caos.

7. Madrugada del domingo 15 de junio de 2008. Los productores… del caos.

Estaba previsto, claro, que los subversivos entrerrianos de Gualeguaychú habían de mantener coletazos de su protesta por varios días aun después de la derrota de la Mesa de enlace. Por varias razones. La principal, por la ignorancia que todos aquellos que durante tres meses fueron la herramienta de intereses ajenos tuvieron siempre acerca de las negociaciones que se llevan a cabo desde las cúpulas.

Sin duda alguna, la mayoría de los entrerrianos que siguieron y siguen a Alfredo De Ángeli jamás tuvieron conciencia de que han sido utilizados por las cúpulas del poder del campo para que éstas estuvieran en mejor condiciones de negociar con el gobierno. Y mucho menos todavía, conciencia de que eran actores de bajo presupuesto para un show montado por los medios.

Víctimas de una dinámica que ellos mismos alimentan una y otra vez con el trillado ganamos o ganamos (la ignorancia política de estos tipos es patética), dinámica interna fogoneada además por los medios, se lanzaron finalmente a la resistencia a la autoridad en la mañana de ayer sábado, cuando ocuparon la ruta 14 como reacción a la acción de Gendarmería.

La autoridad tenía la orden judicial para acabar con el patoterismo de patrón de la vereda que está afectando seriamente el abastecimiento de alimentos y combustibles. En el momento de poner en práctica esa medida, la Gendarmería se encontró con la resistencia de los rebeldes de Entre Ríos. Los hechos fueron ampliamente difundidos por los medios de comunicación audiovisuales. Hubo empujones, alguna patada a los riñones y diecinueve detenidos, a quienes se les seguirá el debido proceso por impedir el libre tránsito de las rutas nacionales y por resistirse a la autoridad.

Todo esto era previsible por un lado. Y era, si se quiere, inevitable por el otro, ya que todas estas personas que se retroalimentan emocionalmente dentro de un círculo vicioso del que no pueden salir, están en un estado como de sacados, o sea, metidos en un mundo de fantasías que creen el real. Creen que los opositores al gobierno nacional (más o menos la mitad de los argentinos) están todos con ellos. No lo están, pero aun si lo estuvieran, no son más que la mitad, precisamente la mitad que fue derrotada en las urnas seis meses atrás.

Existe algo que se llama democracia, ¿vistes?

De todos modos, más allá de Gualeguaychú, hay quienes sueñan con el caos.

En efecto, hubo hechos mucho más graves que el de hoy en Gualeguaychú en este período que se inició tras el discurso de la presidenta: Al principio de la semana que terminó ayer, desde un piquete de ruralistas de Victoria, una camioneta con piqueteros de “el campo” emprendió una persecución rutera en la cual hubo un par de disparos a un convoy de seis camiones tanque que transportaban combustibles. La intención de impedir el abastecimiento de combustibles está a la vista en ese caso, como lo estuvo también en piquetes de otras localidades de varias provincias.

Pero lo más grave del episodio surge al conocerse la identidad del dueño de la camioneta que emprendió la persecución y de la que partieron los disparos. Según el ministro del interior, la camioneta pertenece a un productor rural que es pariente de un ex represor. Una coincidencia de parentesco, claro. Nada significa. Pero no es la única coincidencia. Baste con recordar quiénes formaron parte del teflonazo habido en Plaza de Mayo meses atrás, al principio de la ofensiva antikirchnerista.

Está más claro que nunca la existencia de un grupo tradicional de poder (hoy sin poder político, ni armado), que pretende recuperarlo mediante la desestabilización del gobierno. Es ésta gente la que fogonea los piquetes “ingobernables”, sobre todo los que afectan la distribución de combustibles. Taponando las arterias, y quitando el fluido vital, todo el cuerpo social se paraliza. Más claro, echále agua.

Es esta gente la que alienta la resistencia después de la resistencia y, los productores que mansamente se prestan al juego pasan a ser la carne de cañón de una ofensiva que parece entrar en etapas decisivas.

Si faltaba algo para que todo esto quede claro, por ahí surgió la voz de la arrebatada Elisa Carrió: o recomponen el poder, o dejan el poder, dijo, con parecidas palabras pero así de claro, la agorera política.

Están dispuestos a todo, al parecer. No es para sorprenderse. Se trata de mucho, pero mucho dinero, por las próximas diez cosechas al menos. Miles de millones de dólares son los que están en juego. ¿Están dispuestos a cualquier cosa, con tal de quedarse con la porción más grande de la torta, o sea la torta toda? Sí, claro que sí. Por ahora, sólo los detiene el miedo a ser derrotados en el día de la ofensiva final.

Como carecen de las fuerzas armadas, por lo tanto, apuestan al caos. Y después del caos, la ofensiva final podría alcanzar el éxito (Las fuerzas políticas dispuestas a hacerse cargo ya las tienen, claro. Y los medios también). Pero hace falta, antes, garantizar el caos.

El vicepresidente de la Sociedad Rural, hoy mismo, en medio de la nerviosa jornada, lo dijo en entrevista telefónica con algún medio: habló de próxima convulsión social, saqueos, etc.

Ayer probaron. Tuvieron la respuesta esperada, pero sólo en forma débil. Grupos de personas se reunieron en diversas esquinas de Buenos Aires y en muchísimas localidades de las provincias, para golpear cacerolas. Muchos grupos y en muchas localidades, pero con muy escasa repercusión alrededor de cada uno de ellos.

El grupo reunido en las cercanías de la quinta presidencial de Olivos, por ejemplo, se dispersó inmediatamente tras la llegada de menos de un centenar de militantes justicialistas, o militantes barriales.

Y la Plaza de Mayo, por otra parte, fue rápidamente ocupada por militantes del oficialismo. Como los medios no quisieron darle cobertura a esta concentración, el propio presidente del justicialismo, Néstor Kirchner, y varios ministros del gobierno de Cristina Fernández se hicieron presentes en la Plaza, mezclándose entre la gente y atrayendo con su presencia la inmediata atracción de los medios de prensa. Las tres o cuatro mil personas reunidas allí anoche alcanzaban para que las pantallas de la televisión difundieran una imagen de suficiente disuasión para el gorilaje que tenía ganas de reunirse en las esquinas de los barrios para golpear cacerolas.

Finalmente, la ratificación (en rueda de prensa ministerial) por parte del gobierno de las políticas económicas establecidas, y la reiteración de la voluntad de garantizar el libre tránsito de las rutas para todos, fue suficiente para desalentar a quienes con las primeras sombras de la noche del sábado juzgaban que “las brevas estaban maduras.”

Al mediodía del sábado, y a la tarde, muchas personas con las que uno podía hablar en el calle, criticaban las formas con las que el gobierno había decidido resolver el problema del corte de rutas. Se mencionaba entre esas personas, una y otra vez, la “tolerancia cero” impuesta por Zapatero para resolver una situación más o menos similar en España esta misma semana. Si la gendarmería, decían, tenía la orden de liberar la ruta, debieron hacerlo a como diera lugar. Pero la verdad es que no estoy convencido de que el método de la represión a sangre y fuego sea necesario. No lo creo. No hay ninguna necesidad imperiosa de que se materialice ningún derramamiento de sangre. Es mejor apostar al desgaste, y, sobre todo, a la sensatez de quienes se prestan al juego peligroso de desafiar al gobierno constituído.

Cortar las rutas, e impedir la distribución de combustibles y alimentos a esta altura del conflicto es ya provocación directa. Los calenturientos vecinos de Gualeguaychú deberán ser ganados por la sensatez. Si insisten en esa actitud desafiante… la cosa pinta mal para peor. Espero, sinceramente, que los gane la cordura y dejen de alimentar esa borrachera que no los llevará a ninguna parte.

Ahora es la madrugada del domingo. No tengo la menor idea de cómo continuará la puja por liberar unos y ocupar otros las rutas en la mañana de hoy. Espero, repito, que prime la sensatez. Hacerse el héroe frente a un grupo de gendarmes desarmados que, además, están aleccionados para no lastimar, es fácil. Sobre todo cuando se tiene la cobertura mediática garantizada. Pero cuando acabe de ser un juego mediático (y la paciencia de la gente se está agotando a pasos agigantados), entonces ya no será tan fácil.

Muchachos: cordura. Vayan a trabajar y dejen trabajar. Formen un partido político y cambien el “modelo económico” cuando tengan el poder. Pero dejen trabajar a la gente. Déjense de joder.

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Hasta la próxima.

Add comment 15 Junio, 2008

5. Cerca del día bisagra.


5. Domingo 8 de junio.

Cerca del día bisagra.

La reciente irrupción de los transportistas en el conflicto que nos ocupa desde marzo, con la decisión dramática de cortar las rutas para todos, actuó como catalizador a favor de las posiciones del gobierno.

Los dirigentes coaligados en pro de socavar las instituciones para lograr un cambio de política económica se vieron de pronto acorralados. En veinticuatro horas se encontraron despojados del método cómodo de usar los medios de comunicación para la agitación, para encontrarse, de repente, ante una fuerza real, muy poderosa, que estaba muy lejos de sus cálculos y que les estropeó el show mediático.

Una cosa es la cháchara deliberada y sesgadamente amplificada por los medios, o el arreo de centenares de miles de militantes de un antikirchnerismo pasivo a un acto de políticas clasistas ajenas a esa misma multitud, y otra muy distinta hallarse de pronto ante una fuerza real, poderosa, contundente, como es la paralización real, abrupta y definitiva de todas las arterias de la circulación de bienes, o sea, de la vida misma.

A todo esto hay que sumarle el hartazgo de una sociedad, o de la mitad de ella, ante una caterva de agitadores que fueron decayendo de una posición de defensa de la propia tarasca a la sedición lisa y llana.

Bien lo señala Alfredo Eric Calcagno en su artículo “La institucionalidad del conflicto con los terratenientes”, publicado en Miradas al Sur de hoy:

La acción de los terratenientes ha degradado la situación institucional. Ante todo, debe advertirse el peligro que implica la violación reiterada de la ley. Parace que la máquina del tiempo nos pone otra vez frente a los Señores Feudales de la Ruta, que como en la Edad Media determinan quién puede o no puede circular. Frente a esta situación, existe el remedio institucional: quienes cortan rutas están inmersos en el Código Penal.

Pero podría llegarse a una situación mucho más grave, que es la tipificada por el artículo 22 de la Constitución Nacional: “El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuyan los derechos del pueblo y peticiones en nombre de éste comete el delito de sedición.”

En el conflicto, quienes se atribuyen los derechos de una parte importante del pueblo, y además recurren a la violencia del corte de ruta, se deslizan hacia afuera de la institucionalidad. Ya no se conforman con solucionar el problema de las retenciones; ahora quieren diseñar el tipo de país, reconstituir el sistema federal, cambiar el régimen fiscal. Para presionar, se atribuyen la representación del “campo” (y de ese “campo” como totalidad de la Nación), cortan rutas y desabastecen. En realidad, una parte de la sociedad se transforma en árbitro de lo que conviene o no al país, y hace institucionalidad por mano propia, fuera de los instrumentos institucionales, que son los poderes del Estado y los partidos políticos. Se trata de un hecho gravísimo, que no puede admitirse.
Fuente: Miradas al sur. domingo 8 de junio, pg. 2

Es al punto a que se llegó y es el punto donde el conflicto debe acabar. Ni más, ni menos. O, si no, la revolución. Que, evidentemente nadie ignora, será sólo posible a través de una contienda violenta. Que puede durar, según los resultados, meses o décadas. Meses si triunfa la posición favorable a los desposeídos; décadas si triunfa la porción privilegiada de la sociedad. La Historia puede ser desdeñada todo lo que se quiera, pero está ahí y enseña. Sólo hay que saber leer las lecciones de la historia.

¿Cómo sigue esto?

Ante la notoria derrota de sus posiciones, ¿qué harán los dirigentes de las entidades ruralistas para sobrellevar la situación con las bases que acicatearon sin medir consecuencias? Y, además, y lo más importate, ¿qué harán para continuar la lucha por la defensa de sus intereses? Recuerdo, simplemente, que esto es lo que en definitiva se discute: Cuánta y de quién será la renta extraordinaria a la tierra que la situación internacional ofrece para la próxima década.

Lo primero es fácil de prever: los focos más levantiscos tendrán que remontar su propio desgaste.

Lo otro es más difícil. Se ha visto ya que estos tipos están dispuestos a utilizar todos los medios a su alcance. Apelar al defensor del pueblo y a la Iglesia han sido cartas jugadas ante la inminencia de la derrota. Ambas bazas fracasaron. Pero, les queda aun un arma muy poderosa: los medios de comunicación los cuales, en su conjunto, salvo excepciones, están con “el campo”, ya por que en ello les va sus propios intereses, ya por química gorilista, ya por simple vedettismo.

Ayer, en uno de los infinitos artículos de “opinión” de los grandes diarios, en uno de ellos leí este comentario de un lector: “Pero. ¿qué le pasa a la señora presidenta?; ¿no lee los diarios; no ve televisión; no escucha la radio?” Patético, pero real. Los medios de comunicación manejan el humor instestinal de las personas del común y en eso son campeones. Y ahora, además, cuando está en marcha el proyecto de modificiación a la ley de radiodifusión, mucho más violentos se pondrán. Ya han movilizado fuerzas de reservas: Los Artana y los Broda comenzaron a pulular por los medios, como en los mejores tiempos del neoliberalismo criollo de la pizza y el champán.

El gobierno, por su parte, carece de comunicadores eficaces. Con excepciones, no hay quienes logren explicar en términos mediáticos la problemática del conflicto. Los personajes del justicialismo que tienen una gimnasia de profesionales en este terreno de las comunicaciones, están deliberadamente borrados.

No es sencillo comunicar en un medio en el cual el interrogador (puesto en el papel del pueblo que inquiere) tiene los modos que tienen los papas y papisas de la comunicación en los medios. Se requiere un arte muy especial para contrarrestar las burradas que sueltan con las preguntas estos tipejos y tipejas y no quedar como un grosero en el intento.

Me acuerdo de los tiempos en que Cavallieri frecuentaba todas las semanas Tiempo Nuevo para aderezar con su característico floreo verbal la línea política del menemismo. Un Cavallieri sería muy útil para el gobierno pero, claro, el dirigente de los empleados de comercio está en otra cosa: en desplazar a Moyano de la CGT en el próximo congreso, por ejemplo.

En este sentido, el de la comunicación en términos populares o mediáticos, destaco una voz que conocí en la semana: la del diputado nacional Daniel Passini, de quien nada sé, francamente, pero que en “El Tobogán”, el programa radial que conduce Paulino Rodríguez en Radio Rivadavia ha sabido explicar la política agraria del gobierno en términos de una claridad meridiana.

También es cierto que por muchos comunicadores eficaces que tenga el gobierno, no son muchos los espacios en los cuales podrían extender su discurso. Los medios están en otra cosa y tratarán de invitar a quienes, aclarando, oscurecen.

La acción de quienes detrás de todo esto están por la desestabilización del gobierno, apuntarán sus armas, con toda seguridad, a buscar y ahondar fisuras dentro de la estructura del justicialismo. En este sentido, la férrea dirección asumida por Néstor Kirchner ha sido una acción destinada, no sólo a fortalecer la acción de gobierno, sino, sobre todo, a mantener lo más entera posible la estructura del único partido político que tiene posibilidad de poder, hoy, en Argentina.

¿Hay peligros?

Sí, los hay. Ya hubo incidentes serios en las rutas. Y se repetirán, si es que no hay un inmediato repliegue de los ruralistas contumaces. La prudencia y vocación de paz que pide por ejemplo una Elisa Carrió es, en este punto, una muestra de sensatez.

Alguien tendrá que decirle a Alfredo de Angeli que se agotó su cuarto de hora mediático. Las últimas declaraciones que dio a la prensa, este mismo fin de semana, demuestran que está lejos, muy lejos, pero muy lejos, de comprender siquiera el abc de todo el conflicto, y mucho menos el abc del estado actual del conflicto. Un hombre tan poco dotado para la política, en la situación en la cual lo han colocado las circunstancias y los amigos de las circunstancias, puede ser la causa de cualquier desaguisado.

En fin, tal la situación al día de hoy. Esta noche, deberá levantarse el paro de los comercializadores del nuevo oro de la Argentina. El gobierno, por su parte, tendrá que acelerar las negociaciones que, discretamente, hace tiempo que se están llevando a cabo con los comprometidos en la producción agropecuaria. No cederá ante las retenciones móviles, pero tendrá que hacer algunas concesiones a los poderosos de la producción agropecuaria y de las inversiones dinerarias. Un paso atrás, dos adelante.

Hasta la próxima.

Add comment 8 Junio, 2008

4. Patetismos.

4. Viernes 6 de junio de 2008

Otro día de patética manipulación de los hechos por parte de los medios. Y van…

El titular de Ambito Financiero de esta mañana define en forma contundente la manera de administrar la información que los medios tienen alrededor de esta crisis institucional, grave, que vive el país desde hace varios meses. Dice el titular del diario para la jornada de ayer: “Otro patético día cargado de palabras. Pasaron 86.”

El patético titular me sirve, de todos modos, para comenzar mi entrada de hoy.

La decisión de los propietarios de camiones de cortar las rutas totalmente, aporta a esta crisis el elemento de dramatismo que hacía falta para desalojar a los dirigentes de las entidades ruralistas de su cómoda posición de floreo mediático que durante noventa días les multiplicó el protagonismo hasta el infinito.

Con cámaras aseguradas a todo momento y desde cualquier punto de la provincia soliviantada, los dirigentes que más dan a cámara, como De Angeli y Buzzi, se dieron el lujo que hacer crecer hasta los puntos críticos de la explosión social un entuerto nacido y sostenido por dinero y fogoneado por los que pretenden abortar un proceso de redistribución del ingreso. Un lujo que, a estas alturas, y desde hace ya unas semanas, no pueden controlar.

El bloqueo total de todas las rutas por parte de “los camioneros.” (En este caso, me tiento a entrecomillar “los camioneros” como lo hice con “el campo”. Aunque objetivamente los camiones parados en las rutas lo están por voluntad de sus propietarios, quienes son, sí, camioneros, y la medida fue alentada por una cámara empresarial, el sujeto social “los camioneros” en este caso sigue teniendo para mí un carácter algo ambiguo, o desdibujado.). El bloqueo total de las rutas por parte de “los camioneros”, decía, viene a desnudar ante la opinión pública en general, y ante los ilusionados antikirchneristas de Entre Ríos y Santa Fé, que un corte de ruta no se trata de un juego mediático, cargado de insolencias, bravuconadas y cháchara con mates y bizcochos a la vera de las rutas, como un show para las cámaras, sino algo mucho más serio. Tanto, que puede paralizar la actividad total de un país en días.

El hecho –mediáticamente aprovechable, por otra parte- de arrojar al asfalto la leche en proceso de descomposición que era la carga de los tanques de los camiones parados en las rutas, es elocuente: Señores, esto es un corte de ruta; estas son las consecuencias de un corte de ruta. Cortar una ruta significa esto. No, el vos pasás, vos no pasás, en un montaje de aduana revolucionaria de ficción como el que llevaron hasta ahora los dirigentes ruralistas para las cámaras, es decir, para la gilada.

El gobierno, por su parte, empezó a comprender que la batalla mediática se debe sobrellevar empleando las mismas armas que proporciona el medio. Es decir, mensajes mediáticos, breves, impactantes, viscerales. La presidenta ha dicho ayer: ¿Quién se puede dar el lujo de estar noventa días sin trabajar? Sólo los que tienen renta acumulada.

Al fin, parece que el gobierno comprendió cuál es el lenguaje de los medios. Ni Cristina Fernández de Kirchner, ni nadie que esté medianamente informado, ignora que los productores rurales no han dejado de “trabajar” en estos noventa días. Simplemente han decidido retener los cien millones de toneladas de soja guardada en silos y en silos-bolsas hasta conseguir mejor precio de venta –o menor nivel de retenciones- que es lo mismo en términos de rentabilidad. Pero como la presentaron –para la gilada, repito esto todas las veces que sea necesario- como un “paro”, así se les debió responder siempre: ¿Quién puede darse el lujo de estar noventa días sin trabajar?

También D’Elía salió ayer a responder en términos mediáticos. La explotación mediática que los dirigentes que se lanzaron a socavar el poder institucional hicieron del procesamiento de los ruralistas que incendiaron campos, fue vergonzoso. Margarita Stolbizer no perdió oportunidad de mostrarse ante cuanta cámara se le ofreció para decir, con los modos de la lamentación del pequeño burgués, “me hicieron tocar el pianito.” Otro mensaje mediático dirigido a la gilada.

D’Elía salió a decir cómo son las cosas: no sólo él mismo y muchos otros dirigentes han sido procesados durante los últimos años: son miles los luchadores sociales que tienen procesos judiciales abiertos.

Más difícil fue la comunicación mediática al término de la reunión del partido justicialista de ayer. La falta de convicción de Daniel Scioli para enfrentar una conferencia de prensa fue notoria. En el aire quedó la sensación de que la división del justicialismo (mal endémico de esta fuerza política) se encuentra en un estado más avanzado de lo que en la calle se cree. No supo explicar ciertas ausencias y fue dubitativo a la hora de contestar las preguntas. Afortunadamente tuvo un destello de iluminación y ante un micrófono soltó: “Con la comida no se jode.”

La Iglesia, por su parte, emitió un documento de todo punto de vista inoperante. Y el gobernador de Santa Fé, el socialista Binner, se ofreció para mediar. El martes será recibido por la presidenta.

Así las cosas, no descarto la idea de que, en reuniones paralelas, discretas, se vaya dando forma a un acuerdo que ponga fin a esta situación peligrosa. No sería de extrañarse que la solución surja este mismo fin de semana, si no antes (es decir, hoy mismo).

De no ser así, por otra parte, haría que la situación creada a partir del corte total de las rutas se torne explosiva. Ayer hubo en varios puntos del país escenas de violencia entre camioneros. Son menores, pero reflejan un estado de ánimo sumamente peligroso.

Si los dirigentes de las entidades rurales no ceden este fin de semana, la situación se tornará mucho más grave. Y ya se sabe que de las situaciones graves nadie sabe de antemano cómo se sale.

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Hasta la próxima.

Add comment 6 Junio, 2008

Nuevas jornadas del conflicto. (continuación)

3 – 1 de junio de 2008

La modificación a la normativa que ha establecido las retenciones móviles el 11 de marzo, hechas en forma unilateral esta semana por el gobierno, ha fijado de una vez y para siempre la frontera a partir de la cual se practicarán negociaciones por encontrar soluciones a los problemas anexos al principal, como son la producción de trigo, maíz, lácteos, carnes, arroz, yerba mate.

Ante esta demarcación, inequívoca desde siempre pero expresa y remarcada a partir de la implementación de estas modificaciones, la respuesta de los ruralistas ha sido la peor de todas las posibles: insistir que debe retrotraerse todo al 10 de marzo para empezar a discutir a partir de ahí.

Algunos adjudican esta posición deliberadamente paralizadora a la falta de experiencia política por parte de los dirigentes que están cerca de las bases; otros, a la exaltación autoestimulante de las mismas bases, que desbordan a los dirigente.

Moyano, el dirigente camioero y de la CGT, fue claro al opinar sobre esta trabazón: La mejor negociación lograda es aquella en la que las dos partes quedan insastifechas, recordó Moyano. Unos –aclaró el dirigente- que se van pensando que pude sacar más, y otro que queda pensando que pude ceder menos:

Esta idea, pragmática, realística (la Política es el arte de lo posible), está ausente en las cabezas de los dirigentes de las agrupaciones rurales que fogonean este conflicto. Y si en las bases tampoco está la conciencia de ello, ello no es por una ignorancia individual del gringo, del productor, del chacarero, sino por incpacidad de los dirigentes para considerar tal idea básica en Política y transmitírselas a sus dirigidos.

La falta de experiencia política –para la gran política- de los dirigentes ruralistas ya quedó demostrada en el propio acto del 25 de Mayo en Rosario. Por un lado se fueron de boca, cerrando las puertas a toda negociación (“El gobierno de los Kirchner es un obstáculo.”, “Tenemos que ganar, o ganar.”), y, por otro lado, se mostraron chambones a la hora de seducir a las masas que habían comvocado. La expresión elegida por Alfredo De Angeli puso al desnudo esa utilización de una multitud como si se tratara de cabezas de ganado a las que se arrea. “Toda esta gente puede ser suya, señora Presidenta…” Una chambonada.

Y esa misma falta de capacidad negociadora se manifestó esta semana, luego de conocerse la respuesta del gobierno, manifestada expresamente en la implementación de las modificaciones a la resolución que creó las retenciones móviles. La respuesta a esa respuesta fue un nuevo esquema de manifestación de protesta, esta vez con miras a abandonar las rutas y meterse en los pueblos, en las ciudades, para presionar sobre la propia institucionalidad.

No hay, pues, ni desborde de las bases, ni inocencia política. Los dirigentes de las entidades rurales que llevan a cabo esta protesta carecen de experiencia política para la gran política; eso es verdad, pero no son inocentes. Van por el poder formal. Saben lo que quieren: otro modelo económico. Es decir, cambiar el rumbo de los planes que el gobierno se ha propuesto y que fueron aprobados por una primera minoría muy significativa en las elecciones de octubre pasado. Van por el poder formal.

Los caminos que tienen para lograr tales objetivos son dos: la conformación de un gran partido político que reúna a la oposición al gobierno, ahora atomizada, con miras a ganar espacios de poder mediante las elecciones en democracia (cuando éstas sean).

El segundo: la desestabilización, el socavamiento del poder con miras a la explosión social, a la pérdida absoluta de legitimidad en el gobierno, y al llamado a nuevas elecciones. O sea, un golpe civil, institucional. Esto está más claro que el agua de los manantiales. Las sistemáticas respuestas “caprichosas” por parte de “el campo” a cada paso dado por el gobierno demuestran que, desde hace ya ochenta días, los dirigentes rurales, y quienes estén detrás de ellos, han elegido este camino. La situación política es, por lo tanto, muy grave.

A mí no se me puede olvidar quiénes fueron los que, en las primeras jornadas de este conflicto, armaron un simil cacerolazo en la propia ciudad de Buenos Aires, como un primer intento de medir la receptividad de la ofensiva política conservadora en las clases medias porteñas y urbanas en general. No es bueno olvidar ese detalle en la historia de este conflicto.

¡Ah; mirá vos…!

Alfredo De Angeli descolla cuando le ponen un micrófono. Pero cuando quien sostiene el micrófono se lanza con alguna pregunta más ajustada a la realidad y no a la cháchara, el dirigente entrerriano claudica. Ceñido a contestar temas puntuales, pone de manifesto una y otra vez varios argumentos, dos de los cuales sí tienen la calidad de tales.

Uno es el argumento que dice que si el gobierno tuviese realmente la vocación de favorecer el cultivo de trigo, maíz y girasol, haría desaparecer las retenciones sobre esos cereales. El otro, es que el mejor impuesto, el más justo sería el del impuesto a las ganancias, no las retenciones.

El primer argumento es atendible. Pero, ¿qué sucedería si desaparecieran las retenciones a las exportaciones de los otros cereales? ¿No se trasladarían automáticamente los precios internacionales a los productos de consumo interno, tales como las harinas y el aceite de girasol? Tal vez, en una situación así, de ausencia de retenciones a las exportaciones del trigo, maíz, girasol, el gobierno se vería en algún momento en la necesidad de fijar cupos de exportación, o de prohibirla lisa y llanamente, lo cual sería un remedio con efectos similares a los buscados con las retenciones móviles, pero más impredecible, y, por lo tanto, arbitrario.

De todos modos, habida cuenta de las características que tiene hoy por hoy (y por los próximos años) la comercialización internacional de las comodoties de la tierra y para alimentos en el mundo, la perspectiva de una prohibición para la exportación de ciertos productos básicos es una que debe tenerse siempre presente.

La ciudadanía del común no alcanza a comprender aún las graves consecuencias que devendrían de una sojización completa del campo. La mejor manera de expresarlo sería en las palabras que dijo esta semana un político: La Argentina produce cada vez más un alimento que en el país no consume nadie. Un despropósito ontológico. Un disparate total. De seguir esta tendencia, en pocos años el país se vería en la necesidad de importar harinas, lácteos y carnes para el consumo de la población.

En cuanto al segundo argumento de peso que suele esgrimir Alfredo De Angeli, el que dice que más justo es un sistema de impuestos a las ganancias (en el cual, de suyo, va el concepto de “ganancias extraordinarias”, conforme a la doctrina vigente en todo el mundo), la respuesta es una sola: ¡Ah, qué vivo! ¡Mirá vos…!

En nuestro país, lamentablemente, la postulación de ese principio equivale a la confesión de propósitos de evasión fiscal. Lamentablemente. Y lamentablemente no sólo por la ineficiencia e ineficacia del estado para ejercer la policía del impuesto en nuestro país (favorecidas, además, por la corrupción del aparato burocrático), sino, además, y principalmente, por la propia cultura de evasión fiscal que nos es inherente como característica de nuestra sociedad.

Observese un ejemplo menor, pero gráfico: en uno de los tantos llamados que se hacen a las radios o a los canales de tv para apoyar o para manifestarse en contra de “el campo”, uno de ellos, identificado como productor rural, decía que no podía acceder al sistema de reembolsos de retenciones porque uno de los requisitos del beneficio era el de ser propietario de la tierra (que es el sujeto social y jurídico al que el subsidio va dirigido), y ellos no lo eran porque “le alquilaban la tierra al padre”. Un claro ejemplo: no hacer una sucesión, o un traspaso de propiedad de la tierra, porque tiene un costo, y mantener la ficción de un alquiler familiar, muy probablemente con fines de evasión fiscal.

También es conocido el tema de los valijeros que compran las cosechas en negro y en efectivo. Y ni que hablar de los impuestos inmobiliarios que se hacen en base a tasaciones hechas en épocas que los campos costaban menos de la cuarta parte de lo que cuestan hoy, en dólares.

Por supuesto que una reforma integral del sistema impostivo, con un fuerte énfasis en el impuesto a las ganancias es una vieja aspiración y debería comenzar a estudiarse a fondo. Pero no es, ni de lejos, la solución más adecuada para un problema flagrante.

Hacia un nuevo acto político.

Esta noche de domingo, en el programa de Luis Majul, se mostró a un Alfredo De Angeli notoriamente diferente. ¿En qué sentido? En el sentido de mostrarse menos agresivo para con el gobierno nacional. En el reportaje que le hizo el periodista en Gualeguaychú, a la vera de la ruta, esta vez no se le oyó decir a De Angeli que era necesario regresar al 10 de marzo. Eso, es ya un detalle a tener en cuenta.

De todos modos, cabe decir que, negando las acusaciones que le hace el gobierno naciona, transmitidas bajo las formas de preguntas por el periodista, el dirigente entrerriano, negando, confirmó tales acusaciones: que no trabaja su tierra propia (que la tiene en herencia, en copropiedad y con usufructo hacia su madre), sino las que arrienda bajo  el régimen de aparcerías a empresas de Yabito, o sea Yabrán. Que mientras hacen un paro para la galería, impidiendo la importación de granos, siguen trabajando en los campos. Y, por último, que se desplaza en un avión, ofrecido por un productor del sur de la provincia de Buenos Aires. No pudo negar tales acusaciones, si es que así puede llamárselas, pero sí confirmarlas a su modo.

Confirmó, sí, que van a por un nuevo acto masivo, posiblemente el 20 e junio, Día de la Bandera; prosiblemente, también, otra vez en Rosario. Dijo expresamente que su aspiración era la de hacer un gran acto, multitudinario, presidido por la misma presidenta de la Nación, para anunciar a todo el país una nueva política agropecuaria. :-)

Evidentemente, Alfredo De Angeli ha decidido, o ha sido convencido, de que a partir de ahora, si quería potenciar sus posibilidades de acción política a futuro, debía mostrarse ante la opinión pública con otros modos diversos hasta los que utilizó hasta aquí. ¿El mismo asesoramiento de imagen de medios que tienen otros dirigentes? Ya se sabrá. Lo cierto es que Alfredo De Angeli se mostró hoy, ante las cámaras de América, con modos muy diversos a los que todos ya le conocemos después de tres meses de exposición mediática.

Para mañana está anunciado un “paro general” de apoyo a “el campo”, aunque Buzzi se ha ocupado muy bien en aclarar que no puede hablarse de un paro nacional por la sencilla razón de que ninguna de las organizaciones involucradas en esta lucha tienen poder formal, y real, para llevarlo a cabo. Pero sí habrá expresiones de apoyo, sin duda, del comercio y de las empresas de servicios que, en las provincias, llevan sus destinos comerciales atados directamentes a la suerte de la producción agrícola.

Por otra parte, el viernes comenzó a manifestarse una tendencia bajista para el precio del dólar en el mercado interno del dinero. Algunos creen que esa tendencia transparenta la intencionalidad del gobierno (que pude hacer que el dólar llegue a dos pesos o menos si quisiera) de alertar, mediante ese procedimiento, a la industria manufacturera en general para quienes, hasta ahora, ningún signo de retracción en las ventas o de aplanamiento de la curva de crecimiento se manifieste de manera preocupante. Quienes así opinan, dicen que la intención del gobierno es presionar a las industrias para que los apoyen. No sé si es tan así. Hace dos semanas atrás hubo una solicitada nacida de los sectores industriales y bancarios tendientes a acercar posiciones entre el gobierno y “el campo”, invitando a los dirigentes ruralistas a que cesen con las medidas de fuerza, recibiendo la enfática respuesta por parte de Silvio Corti, dirigente de la FAA: “Que se metan la solicitada en el culo.” (Crítica de la Argentina, 18/05/08, pg 6).

Hasta la próxima.

Add comment 2 Junio, 2008

Desconcierto. Interrupción del diálogo.

2 – 28 de mayo de 2008

La reacción del gobierno, el lunes 26, fue la única posible ante la situación creada por los dirigentes rurales en el acto multitudinario del día anterior.

En la agenda estaba, desde el viernes, la continuación de las conversaciones entre las partes para ese lunes. A la mañana del lunes, el jefe de gabinete salió por los medios a dar la novedad: No habría continuación de la reunión. El anuncio lo hizo Fernández en radio 10. “¿A qué hora está prevista la reunión con los dirigentes rurales, ministro?” “Y, no; así, en estas condiciones no se puede negociar. no tienen vocación de diálogo. Quieren imponer.”

La decisión del gobierno tomó por sorpresa a todos, principalmente a los dirigentes de las agremiaciones ruralistas. Miguenz, el menos hábil para manejarse con los medios, habló de “desconcierto”, refiriéndose al estado de ánimo que lo embargaba, tanto a él como a los otros dirigentes.

Y no era para menos. Quienes llevan adelante esta lucha contaban con que ese lunes se sentarían en la mesa de negociaciones arrojando sobre ella el número de concurrentes al acto de Rosario. Ignoraron todo el tiempo, claro, que para el gobierno estaba en claro que esa multitud, potencialmente hostil al gobierno, no forma parte de ninguna organización socialmente asentada, de ninguna estructura política y, por otra parte, a meses de elecciones legislativas y años de elecciones presidenciales, tal carta jugada por los dirigentes ruralistas no le significaba nada. O al menos nada preocupante al mediano plazo.

Por otra parte, Néstor Kirchner, en su carácter de presidente del partido justicialista, llamó a una reunión orgánica de la cual salió un documento que significaba un mensaje muy claro para los dirigentes “del campo”: estamos dispuestos a seguir adelante, sin ceder un ápice en nuestra posición acerca de la política que para el campo ha delineado el gobierno. Sí ceder en las modificaciones y ajustes que hagan posible la convivencia y contemplen las asimetrías. El gobierno irá con normas tomadas unilateralmente.

Por su parte, los dirigentes de las entidades de productores agropecuarios lograron reunirse muchas horas después de la designada para un encuentro. En un estado de patente nerviosismo, que transparentaba más que nada la dificultad que tienen todos ellos para controlar a las bases que dirigen, emitieron un documento por el cual se estableció un organigrama para la continuación de la lucha. No venta de granos a partir del día siguiente, no venta de carnes a partir de hoy jueves. La decisión implica, de hecho, el ejercicio de la policía huelguística en las rutas, para impedir el paso de los camiones que transportaran granos o carnes que los productores sí  quieran vender. O sea, el piquete.

En las bases, y no sólo en Gualeguaychú, se manifiesta claramente la división entre los productores: mientras en algunos de ellos aparecen los signos del desgaste y la conciencia de que la continuación de la lucha ingresará en terrenos mucho más difíciles de controlar que la simple prepoteada a un camionero en la ruta; en otros, en cambio, crece la idea de que el gobierno está derrotado y que sólo es necesario tomar el Palacio de Invierno.

En este estado de cosas, la situación ha ingresado en un terreno de difícil control. Ni bien comience el desabastecimiento de productos básicos, o de carnes, la situación tenderá a agravarse en las ciudades.

Una multitud fue a Rosario el domingo 25. Los movió el odio al gobierno de Cristina Fernández, el odio al negro. Pero una multitud mucho más numerosa, y con modos de acción menos ordenados que los de las clases medias urbanas, está hasta la coronilla de dirigentes menores como De Angeli, a quien no hay dirigente conspicuo alguno que pueda cambiarle ese casé que tiene puesto en la cabeza desde hace ochenta días: “O volvemos al diez de marzo o se van”. Si nadie puede lograr que este tipo cambie el casé que tiene en la cabeza, muy dificilmente pueda hallarse una solución a este conflicto.

En las ciudades, por otra parte, se multiplican las voces que opinan que el gobierno debería dejar de sostener al dólar. Nadie sabe a qué valores podría llegar. Si a dos pesos o menos. Pero esta medida, si bien sofrenaría el proceso inflacionario por el mecanismo de la recesión y de la retracción monetaria, comprometería a una industria que viene creciendo a pasos agigantados gracias al tipo de cambio existente. Una solución que no es tal.

La movida final del gobierno, en estos tres días que siguieron al acto del veinticinco en Rosario, fue el dejar trascender que tomará medidas unilaterales para solucionar las asimetrías. O se sientan a negociar sobre esa base, o les van las medidas como fueron pensadas por el gobierno. Es posible que los dirigentes de las cuatro entidades puedan llegar a entender esto. Lo difícil es que lo puedan llegar a entender los gringos soliviantados en la pampa húmeda.

Hasta la madrugada del jueves, no hay ni un solo indicio de que la parte de los movilizados que ya entendió en qué estado está la compulsa pueda convencer a la otra parte.

Hasta la próxima.

Add comment 29 Mayo, 2008

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Todavía consideramos a un hombre poderoso como un líder nato, mientras que a una mujer poderosa, una anomalía.

Margaret Artwood. Escritora canadiense. (1939-)

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